Casablanca (1942), un rodaje lleno de problemas, imprevistos y casualidades
Pascual Manuel Rodríguez Batalla · 13 abr 2020
Sorprende que este clásico del siglo XX, imprescindible en la historia del cine, estuviera sujeto a una producción tan complicada, tan llena de problemas, imprevistos y casualidades, de cuyo resultado final puede asegurarse que fue producto a partes iguales tanto del talento de sus autores como de la intervención del azar.

Desde el principio, Casablanca fue inusual: se inspiró en una obra de teatro que había sido rechazada por los empresarios de Broadway, cuando lo habitual era que Hollywood solo se interesase por los grandes éxitos. Everybody Comes to Rick's había sido escrita por Murray Burnett y Joan Alison, quienes durante un viaje por Europa se habían sentido conmovidos por el drama de los refugiados políticos que allí conocieron. Visitando un café de Viena, hicieron amistad con su pianista y pensaron que un personaje como él sería adecuado para centralizar las diversas historias sobre refugiados que iban a escribir.
La lectora de guiones de Warner Bros., Irene Lee, tuvo acceso al libreto y sugirió su adaptación al cine al muy influyente Hal B. Wallis, brazo derecho del omnipotente Jack Warner y productor ejecutivo del estudio. Wallis no tardó en adquirir los derechos de la obra, aunque con la exigencia de cambiarle el título. Tras el éxito obtenido pocos años atrás por Argel, de John Cromwell, con la belleza de Hedy Lamarr y el glamour europeo de Charles Boyer, le parecía acertado un título de similares resonancias exóticas.
Dos prestigiosos guionistas, Julius y Philip Epstein, comenzaron a escribir la adaptación cinematográfica de la obra teatral mientras la productora buscaba con urgencia a los actores que fueran a interpretarla. Durante el proceso de casting corrieron diversos rumores sobre los personajes principales. Uno de los mayores fue que el papel de Rick iba a ser interpretado originalmente por el entonces actor y después presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan. Este rumor se originó por un comunicado de prensa que emitió el estudio al inicio del rodaje, aunque era poco probable que se llevara a cabo, ya que Reagan estaba a punto de entrar en el ejército. Se dice también que Hedy Lamarr rechazó el papel protagonista porque el guion no estaba aún terminado, y que la actriz francesa Michèle Morgan pidió 55.000 dólares por interpretar a Ilsa, mientras que Ingrid Bergman se conformó con 25.000 dólares.

En cualquier caso, conseguir a Ingrid Bergman no fue tampoco fácil, ya que estaba contratada en exclusiva por David O. Selznick, el no menos todopoderoso productor de Lo que el viento se llevó. Wallis consiguió intercambiarla por Olivia de Havilland, no sin que antes Selznick exigiera a los guionistas que le aclararan de qué trataba Casablanca. Los hermanos Epstein, que aún no habían escrito ni la mitad de la historia, improvisaron en su despacho un relato imaginado, incluso con diálogos que permanecieron en la versión definitiva:
—¿Dónde estuviste anoche, Rick?
—Hace mucho tiempo de eso. No me acuerdo.
—¿Te veré esta noche?
—Nunca hago planes con tanta antelación.—¿Cuál es su nacionalidad, Rick?
—Borracho.
Sin embargo, los Epstein no llegaron a terminar el guion. El director Frank Capra les había convocado para escribir una serie de documentales patrióticos, Por qué luchamos (Why We Fight), y se vieron obligados a cambiar de temática. Les sustituyó Howard Koch, que, frente al sentido irónico de los Epstein, hizo hincapié en que la película mostrara la necesidad de sostener valores morales en tiempos de guerra. Un cuarto guionista, Casey Robinson, no acreditado en los títulos, abundó en el carácter romántico de la historia. Cada cual, pues, llevó la película por su propio camino, alterando de continuo el rodaje para desesperación del nervioso director húngaro Michael Curtiz.

Sin embargo, no fue Curtiz el primer candidato a director. Hal B. Wallis había considerado antes al gran William Wyler, que tras de sí tenía los recientes éxitos de Cumbres borrascosas, La carta o La loba; William Keighley, que, junto a Curtiz, había dirigido Robin de los bosques, el mayor triunfo de Errol Flynn; y hasta al especialista en serie B Vincent Sherman, que años después sería conocido por su sabia manera de dirigir a actrices, pero aún de poco relieve en 1942.
Curtiz, desesperado al no tener en la mano el guion definitivo de la película, reñía de continuo a todo el equipo en su pésimo inglés, tartamudeando, además, su enfado. Especialmente insultaba a su ayudante, Lee Katz, al que calificaba de estúpido. Katz, harto de tanta bronca, le replicó cuando él le mandó al infierno: «Al infierno se va usted, se va usted, se va usted… sir». Desde entonces se llevaron mejor. Katz consideraba a Curtiz el director más experto con quien había trabajado.
Le admiraba por su capacidad para resolver situaciones difíciles, como la que se crea en la secuencia final de la película, en el aeropuerto, cuando se despiden los amantes. Dadas las estrecheces económicas de la producción, el aeropuerto se había construido en un pequeño estudio, y el avión no pasaba de ser una maqueta que saltaba a la vista. Curtiz resolvió la penuria de sus medios contratando a unos actores de baja estatura que se movieron alrededor de la maqueta, dando la sensación de realidad y de presupuesto holgado. El tiempo corría sin que ningún guionista diera con el final de la historia.

La película se rodó casi por completo en los estudios de Warner Bros. situados en Burbank, California, con la excepción de una secuencia rodada en el aeropuerto de Van Nuys, en Los Ángeles, y unas breves tomas de París. Otra de las curiosidades de Casablanca, menos conocida, son los problemas que hubo durante el rodaje entre Humphrey Bogart e Ingrid Bergman debido a la diferencia de altura entre los dos. La actriz sueca era cinco centímetros más alta que Bogart, algo que incomodaba al actor, y para disimularlo Bogart se subía a algo, usaba alzas en los zapatos o se sentaba sobre cojines para permanecer más alto en las escenas en las que aparecían juntos.
¿Abandonaría Ilsa a su marido para quedarse en brazos de Rick, su auténtico amor? Lo cuenta Ingrid Bergman en sus memorias: el guion se modificaba sin descanso y los actores trabajaban sin conocer con certeza cómo terminaría la historia. Bergman preguntaba a Michael Curtiz de quién estaba enamorada su personaje, y el director tampoco podía darle todavía una respuesta definitiva.

Fueron de nuevo los hermanos Epstein quienes, al reintegrarse al proyecto, dieron con la solución. Y solo con relativa fortuna, puesto que, una vez acabada toda la película, el productor Wallis hizo introducir una nueva frase: «Creo que este es el principio de una buena amistad», que Bogart dirige al jefe de policía. Poco antes Rick le había amenazado con su pistola apuntándole al corazón, a lo que el francés replica fríamente que es su punto menos vulnerable.




Comentarios